Hoy celebramos el Día Mundial del Diseño Gráfico, una disciplina que solemos asociar con logotipos y carteles publicitarios. Sin embargo, existe un capítulo en la historia donde el diseño no se usó para vender un producto, sino para confundir al enemigo en la inmensidad del océano. Pero sabias que…
Durante la Primera Guerra Mundial, los barcos mercantes eran blancos fáciles para los submarinos. La solución convencional era pintarlos de gris para «esconderlos», pero en el mar, con cambios constantes de luz y clima, esto era imposible. Fue entonces cuando el artista y diseñador Norman Wilkinson propuso una idea contraintuitiva: en lugar de intentar ocultar el barco, había que hacerlo destacar. A esto se le conoce como los patrones del Dazzle Camouflage. Se tenía que cubrir el casco con patrones geométricos abstractos, líneas negras y blancas contrapuestas y ángulos imposibles. El objetivo no era la invisibilidad, sino la distorsión óptica que hacía que fuera difícil distinguir la proa de la popa, la dirección del navío y el cálculo de la velocidad con precisión.
Este tipo de camuflaje fue adoptado por el Almirantazgo en el Reino Unido y luego por la Marina de los Estados Unidos. El patrón de pintura de cada nave era único para evitar que las clases de naves fueran reconocidas instantáneamente por el enemigo.
Desde el Centro de Noticias NH, saludamos a todos los diseñadores gráficos que, con líneas, formas y colores, siguen transformando nuestra manera de ver —o de no ver— el mundo.

