La prolongación del conflicto en Medio Oriente ha comenzado a tener efectos inmediatos sobre el transporte marítimo internacional, no solo desde una perspectiva operativa, sino también jurídica. La decisión de grandes navieras como Maersk, Hapag-Lloyd y CMA CGM de desviar sus buques por el Cabo de Buena Esperanza, evitando el Canal de Suez y zonas críticas como el Estrecho de Ormuz, ha activado una serie de implicancias legales en materia de transporte marítimo.
Desde el punto de vista del derecho internacional, la situación también pone en tensión principios fundamentales de la navegación marítima. En particular, la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (CONVEMAR) reconoce en su artículo 38 el derecho de tránsito por estrechos utilizados para la navegación internacional, como el Estrecho de Ormuz. Sin embargo, dicho principio se ve condicionado en la práctica por la necesidad de garantizar condiciones mínimas de seguridad para la navegación.
Más allá del plano estrictamente jurídico, las implicancias comerciales de estos desvíos también son significativas. De prolongarse la situación, podrían intensificarse las tensiones en las cadenas logísticas globales, afectando la planificación portuaria, la disponibilidad de contenedores y los tiempos de entrega.
Así, el conflicto en Medio Oriente no solo está reconfigurando las rutas marítimas, sino también desafiando los marcos normativos que regulan el comercio internacional, obligando a los actores del sector a navegar en un entorno de creciente incertidumbre legal.
Fuente: Mundo Marítimo Chile
